Disfruté mucho de Casabe. Era una estructura muy bonita, algo así como un pequeño pueblo de construcciones rústicas pero hermosas.
Ocupamos una habitación del Casino de Oficiales y tomábamos los alimentos en un restaurante del casino.
Pasamos unos dos meses allí y, de repente, tenían que salir en tren desde Barranca. (Digo de repente porque lo hacían encubierto). Iban hacia el Opón-Carare, que había sido centro de operaciones de la columna de Camilo Lain (un ex sacerdote) que, creo, para ese tiempo ya había muerto.
Allí era selva.
Recogí mis cosas y salí con ellos (encubierta), porque el General comandante del Ejército debía ignorar mi presencia allí.
Quedé pendiente a un lado mientras formaban y el General los enviaba.
Cuando todos estaban en el tren y ya comenzaba a andar, se encargó a tres agentes que me cogieran con el tren en movimiento y me subieron.
Llamé a este tren “de palito”, porque era rústico, los asientos de palo y su recubrimiento.
Llegamos a Puerto Berrío, y allí mi esposo solicitó permiso al coronel del batallón para que yo pudiera ocupar una habitación en el Casino de Oficiales, pues ellos montarían una base guerrillera a dos horas de allí, en la Hacienda Ramblas, de la familia dueña de la papelería Danaranjo.
Así, el Mayor Carrasquilla Triana de la Policía se ofreció a quedar cuidando de mí. Él solo supervisaba la labor policial y vivía allí. Era enlace entre el Ejército y la Policía.
Fue interesante conocerlo. Él tenía todos sus uniformes y camisetas con la esvástica de Hitler, mas él era una gran persona. Antioqueño. Me ayudó mucho en todo.
Fui con él a comprar dos telas para vestidos maternos. Unas amigas de un almacén me los confeccionaron. Era un vestido que me ponía mientras lavaba el otro.